Aquel, el hombre de sus ojos.
Aquel, quién traspasó su grandeza,
No enseño más que aspereza.
Aquel, que cedió sus sueños.
El mismo aquel que reprobó los suyos, con tinta indeleble.
Aquel, que existiendo mil formas de amar, escogió la material.
Aquel, enviaría sus cartas al buzón de reciclaje.
Aquel, batalla al Alzheimer por no soltar al viento,
Un consuelo al otro.
Aquel, se le reconoce,
Hizo con lo mucho que tuvo, lo poco que pudo.
A aquel, se le acabó el tiempo, de alcanzarla.
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