Anduve caminante,
por pasillos deslumbrantes,
donde la sangre chispeante,
desaparece al instante,
y titilan sordos trazos,
se congela mi semblante,
a un lado, muchos gritan,
no impresiona algo importante,
el aprendiz muy soberbio,
olvida que también es de carne,
no importa si esa carne,
tiene un alma invaluable,
y si duele, la vida duele,
es la respuesta al instante...
Yo he sido testigo involuntario,
martillera del enjambre,
a pesar de tener un mapa,
con el tesoro a dos trastes,
Yo surco esta enramada,
me hago sorda a esa llamada.
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