Carta a mi familia.
No existe una palabra que me permita definirlos familia, seguramente si estuviera frente a ustedes, no sería capaz ni de pronunciar una letra y mi mudez se vería acompañada de innumerables lágrimas y mi visión nublada por un apelotonamiento de recuerdos.
Decir que los amo a viva voz se me hace casi imposible, se genera una fuerza poderosa dentro de mí, que me quita el habla y mi cuerpo se desespera por expresarse de alguna manera, y ahí aparecen ellas, unas gotas de cristal del ángulo interno de mis ojos, queriendo robarse el escenario. Los actores de reparto que comparten mi escenario lo saben, y ustedes familia aún más, porque ese locus, llámese grupo de genes que se transmiten completos sin dividirse, paso completico por cada uno de nosotros.
Sí, los Becerra, esos de quien siempre los malintencionados niños y no tan niños se burlan en las esferas cotidianas por su similitud con el nombre de una especie de bovinos, son mi piedra angular, el punto infinito de mi curso finito por este mundo. Somos ocho y este año seremos nueve con la llegada de la princesa Victoria Sofía para dar el toque inolvidable a las fiestas de Elorza, aunque tendrán que celebrarse en Roma, por un antojo del destino.
Pues bien, como venía contando ya somos ocho y casi nueve, y ese locus que cada uno tiene inmerso en su genoma, no contiene elocuencia, ni avidez para las conversaciones, todos tenemos habla pegado pero cuando alguien nos pide hacer una llamada, somos los primeros en ceder el teléfono para el servicio de esos apoderados del lenguaje oral. Gracias a la tecnología de las conexiones, compartimos un hobbie que nos mantiene unidos: el amor y el gusto por la escritura, somos unos escritores de la nueva era, llámese autores de millones de mensajes de texto. Tenemos en Whatsapp un grupo y no hay día que esté inactivo, y si ese día llega, algo muy malo nos estaría pasando, como incluso nos pasó, por un antojo del destino, como solíamos verlo en principio.
Estamos equidistantemente lejos, mi cuñada Caterina y las Victorias en Roma, mi hermana Vane “la ciudadana del mundo” se encuentra gozando de parte de Latinoamérica en compañía de su novio Marcos; Mi Hermano José, mi sobrino Lino Alejandro, mi padre y mi madre en Barinas, insistiendo en la tierra que nos vió nacer, mientras yo fui esa becerrita que quiso ser un pez, y decidió vivir rodeada de mar, en la Isla de Margarita.
A veces – mentira - casi siempre, siento una inmensa necesidad de estar junto a todos ustedes, reunirlos como si de una navidad se tratase, sin una excusa en particular, pero la mente cae de nuevo en las aguas del Mar caribe, y el Aeropuerto Internacional Santiago Mariño hace imposible la ruta factible - de tratarse de otro país - de ir cualquier día a comprar un boleto y amanecer en casa, con Princesa Guillermina, la única perra que obedece mis órdenes. Pienso entonces en un escape por Ferry hasta Puerto La Cruz, pero las carreteras de oriente que conducen hacia el centro e interior del país son como las guillotinas y precipicios que debe atravesar Mario Bros en su camino al Castillo y me toca respirar profundo y practicar Zazen, con el único fin de ponerme un paso al frente y no tomar esas impulsivas decisiones que arriesgadamente podrían causar una ausencia definitiva de mi paso por este maravilloso andar.
Gracias al Señor, mis padres siempre tienen una excusa objetiva para venir a visitarme y el encuentro siempre es casual, un abrazo corto pero sincero, como si nos hubiésemos visto ayer, pero no quepa la duda amigos que mi alegría es inmensa y se mantiene así hasta que llega el momento de partir, y el mundo conspira y el paisaje se torna sepia, acto para toda clase de duelo como si posiblemente no los pudiera volver a ver, y se congelan mis cuerdas vocales y el alma se agrieta para volver a dejar salir esas protagonizantes lágrimas.
Estamos completos, bueno a pesar que siempre queda la silla vacía esperando a mi novio, que siempre nos echa el carro en cada encuentro familiar, e incluso estando sola, pues aún no se digna en llegar. Y si no está ninguno, yo los revivo uno a uno en un desayuno espléndido con caldito de papa y arepas y a lo lejos la canción “me gusta la palabra libertad” de José Luis Perales; Linito pidiendo siempre a su abuela su huevo frito con arepa, Vane la flaca comiéndose 3 y 4 arepas sin engordar un gramo, papá contándonos del efecto calórico de los alimentos, José como buen llanero comiendo Carne Frita, mamá comiendo de pie para que la comida le engorde las piernas como le decía la abuela, en ese momento ya la princesa Victoria ha comido porque le sirven antes de ponerle huevo al caldo, siguiendo sus normas de ablactación y la Reina Caterina pidiéndole a mi hermano un vaso de agua y que le rellene las arepas, mientras yo, que aparte de comer solita, me dedico a extasiarme con mis hologramas memoriales.
Como creo le suceden a todas las familias, el año pasado vivimos fuertes momentos, frente a la recién diagnosticada Leucemia de mi sobrina Victoria, mi hermosa princesa quien en aquel momento sólo contaba con 10 meses de edad, sin duda alguna, el momento más paralizante que nos ha tocado experimentar y así de ipsofacto, mi vida, quien solía ser una eterna búsqueda de razones para existir, me clavo dos palillos en cada párpado para que no me perdiera ni un segundo de la magnitud de caminos, colores, olores, sabores y sin duda sinsabores que este corto recorrido de 25 años habían preparado para mi despertar al mundo tal cual es.
Esa noticia, que llegó un 10 de noviembre de 2011 a mis oídos por la voz taciturna de papa, no abrió la llamarada de mensajes del grupo familiar en días, fue un silencio petrificante, que hizo emerger de mí, los versos más tristes pero a la vez tan descubridores del amor más inmenso que no sabía que podía sentir, una fuerza bruta capaz de hacer cualquier cosa para mantener a la princesa de la casa con nosotros. Mi niña de leche la hice llamar y comprendí que este vuelo nos estaba pasando a nosotros, que no tenía los brazos de ustedes para soportar el aterrizaje y supe el impresionante valor de un abrazo de mama, papa y hermanos, esta pececita estaba a 1000kms de distancia, y debía componerse, debía hacer algo, la sangre llamaba y contra todo habitual mal pronóstico de los aeropuertos venezolanos, contra toda farmacia carente de los medicamentos que necesitaba mi niña, transfusiones de sangre A negativo, fueron dándose las cosas, y ya no estaba sola, esa fuerza que me guiaba, hacía que aparecieran boletos de donde no hay en épocas decembrinas, quimioterápicos descontinuados y una multitud de manos amigas que me hacían llorar de regocijo y confianza en la vida. Hubo sin duda, momentos rudos, donde Victoria pasaba semanas sin probar bocado, sin levantarse de su cuna y su sangre azulita no se dejaba ver ante los médicos ni enfermeras para poder recibir sus medicamentos intravenosos, y ardía en fiebre y su piel se tornaba de un lábil papel, momentos en que la familia se unía en un solo abrazo, y se levantaba nuevamente todas las mañanas a intentar hacer un plato que la nena quisiera comer, un juego que despertara esa mirada picara y maravillosa que solía tener, y al mismo tiempo cumplir con la ilusión de la navidad y la llegada del niño Jesús para Lino Alejandro, de 4 años de edad, que le encantaba ir a visitar a la nena al hospital, pues todos los días iba San Nicolás a dejarle un presente. El resto del escenario, eran creyentes haciendo cadenas de oración, médicos transformados en ángeles, apoyo desde todos los puntos de este globo terráqueo. Ese día conocí la Humildad, la sencillez y el valor de un gesto, a estar agradecida de cada mínima gran cosa que nos sucedía a diario y la tristeza se disipaba y mi búsqueda eterna llegaba pues me encontraba alerta y allí estaban nuevamente las revoltosas lágrimas expresando que este recorrido nos mantendría aún más unidos.
Hoy creo que ese amor familiar hizo que mi nenita se levantase, que haya cumplido sus 2 anitos y que este en casa de alta temporal tras arduos momentos postransplante de aquellas células madres cuya copia más fiel, se le otorgan a nuestro superhéroe Lino Alejandro, y Por eso yo les dedico estas letras a mi única razón, mi familia, hasta que en compañía de ese novio que vive en el eterno juego de las escondidillas, salga y me permita traer al mundo los más hermosos becerritos, y sólo podré enseñarles una cosa, el amor por la familia.
May 2011
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