El ano número 28 de
May se puede resumir en una palabra: Despertar. Tenía ella todos esos años
viviendo sentenciada (como quien nace con las esposas puestas). Quizá exagero,
podría ser la mitad de ellos, pero lo cierto es que nada se veía tan mal para darse cuenta.
Fue de repente, entre
una crisis emocional, de esas tantas que le daban y resolvía con olvido, que
esta llegó para cambiarla. Se encontró en un auténtico limbo de verdades
previamente ocultas, previamente ciegas, previamente dormidas.
Como médico supo
que después de la lesión viene la cura y, junto con abrir los ojos, May decidió
abrir el abanico de su juventud; arriesgarse a nadar contracorriente y soportar
el peso de haber elegido una ruta que deseara recorrer. Que los observadores juzguen
sus pasos pero, justo ahora, ella ríe con esta frase de Neruda en su poema Cuándo de Chile: “…Voy por el mundo cada
vez más alegre”.

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