Llego el turno del pez de separarse de la camada!
Su primer salto fuera de las profundidades del mar,
Genera el clímax sensacional de auténtica libertad.
Nadando en aguas mansas de felicidad, el pez olvida que sólo respira en el mar y se atreve a saltar más alto confundiendo el
cielo con la mar.
Como siempre pasa, el tiempo pone en su espacio redes para probar,
La experiencia del pez en las cambiantes aguas del mar.
De pronto una red turbulenta trunca la oleada del pez, que no piensa pero piensa: !huy este no era el plan!.
Un tiburón le dice: no planifiques nunca, aunque el nunca no se debe nombrar,
Oscuro marino podrá lo que azul cielo será.
Y recuerda el pez su cámada, su protección en todo lugar.
Se mira y sus aletas, sus escámas, provienen de ese hogar, que le brindó su cariño y por siempre así será.
El silencio de nadar solo en el mar, explota su necesidad, de sentirlos de adorarlos, de arrullarse en las sabías ondas de aquel añejo mar.
Y tal vez esta historia tenga un continuará...porque hoy el pez no tiene plan, no dice nunca dice que piensa,
qué pensará?
A mi familia.
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