Esta historia empezó a escribirse,
Un 19 de septiembre, cuando un penoso declaro su amor,
Con rosas fui comparada - ¡vaya!- a mi espejo, más loca distorsión.
Yo solo era un capullo,
Encerrada en sumisión,
que se cegó por un gato, inimaginable unión,
especies tan distintas, pero para terca yo.
Un 19 de noviembre, en carta le confesé,
Que loca de amor estaba,
Una ilusión se creó,
Lástima pues aquel gato, a un orquídea le gustó,
Y, cuando las cosas son recíprocas, esa unión si floreció.
Lento y muy tarde el capullo despertó,
Más de sus horas de sueño, el gato nunca partió,
Y en los días de sol, muy claro le demostró,
Que prefería una anchoa,
Antes que este gran amor.
A pesar de tanta lluvia,
El capullo no se ahogó,
Pues el penosito aquel, energía regaló,
Sólo en escasos momentos, enamorado desistió,
Rosa en soledad ahogada, por su nombre lo llamó,
Y esperanzas le sembraba, necesitada de amor,
El pobre penosito la fuerza recobró,
Pero no valió la pena, La indecisión ganó,
Cada Momento una canción guardó,
Para bien o mal, la cosa asi siguió.
Aún aquel penoso le sigue ofreciendo amor,
El capullo a veces renace, a veces se parte en dos,
Quiere verse a sí misma, tal rosa que él vió,
Hermosa niña madura, ¡Qué más quisiera yo!,
Jardinero no más charcos,
La historia 20, amerita tu sol.
Mayra Becerra. SC, mayo 2006.
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